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La Educación y la nueva crisis en Ecuador.

Articulo de opinión, por Santiago Tacuri


Por primera vez luego de más de dos meses, se logra hablar de algo distinto al “Corona Virus” y los titulares de prensa y la ciudadanía presentan una nueva preocupación en este proceso de confinamiento. Me refiero al gobierno y su Ministerio de Finanzas y de Educación anunciando un recorte presupuestario de más de 300 millones de dólares para la educación de un país entero.

Las posiciones y criterios sobre los anuncios de recorte en estas dos carteras de Estado, atraviesan un debate no solamente legal y constitucional, sino que trasciende a un debate de orden moral y ético. En este caso, porque hablamos de prioridades y de las decisiones que un gobierno ha tomado en función de esas prioridades, y me permito explicar mi argumento:

Luego de varios escenarios “bochornosos” y actos de corrupción en el manejo de la crisis sanitaria en los que se ha visto inmerso el gobierno del presidente Lenin Moreno, además de la poca aparición de su persona en la gestión de la crisis, y la evidente caída de su imagen política y su popularidad, se le suman dos momentos importantes a esta negativa lista de acciones que se emprendieron en su gobierno en estas últimas semanas.

El primero, el 24 de marzo con el anuncio y pago de los haberes por deuda en bonos soberanos, en un total de 324 millones de dólares con el argumento de estabilizar la confianza y riesgo país para poder recibir un nuevo financiamiento externo para cubrir gastos de la crisis sanitaria, donde según Martínez las fuentes de financiamiento incluirían a varias entidades internacionales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, entre otras. Las fuertes críticas de los sectores populares, estudiantiles, obreros y campesinos no se hicieron esperar e incluso la presión de varios legisladores, y por supuesto del todo el sector de la salud donde se abrió un debate sobre lo desacertada de la decisión de Martínez.

El segundo, se ubica el primero de mayo, cuando en horas de la tarde se difundió la noticia de que el ministerio de finanzas había recortado alrededor de 98 millones de dólares a la educación superior, en presupuestos para pagos de salarios específicamente. Más de 30 Instituciones de Educación Superior y todo un país conmocionado por un anuncio que fue justificado con el único argumento de su condición de órgano rector de las finanzas públicas, varios rectores de las instituciones de Educación Superior mostraron su descontento por la unilateralidad e inmediatez con la que se realizó este anuncio. Cabe mencionar que a este recorte se le debe sumar los casi 200 millones de dólares que se redujeron de la educación general.

Ahora bien, muchos críticos del gobierno han concluido que es la educación la que está pagando la deuda de los bonos mencionados, teniendo en cuenta que los montos se asemejan, pero lo que debemos considerar más allá de esta afirmación, son realmente las motivaciones de estas decisiones, y para aquello me permito hacer las siguientes reflexiones de orden sociológico.

1. Las relaciones de poder existentes entre el gobierno y el pueblo ecuatoriano han dado cuenta de las verdaderas prioridades de una administración que no muestra respeto alguno por el orden constitucional, las garantías que en este se presentan, incluso rebasando el Estado de derecho que rige en el orden social y político de nuestro país.

2. En repetidas ocasiones el gobierno ha priorizado lo económico por sobre lo humano, y en este sentido se trata de un dilema de atraviesa por lo ético de sus decisiones, y elegir lo primero sin duda provoca un cierto temor para muchos ciudadanos que viven al día. (Son casi dos meses de confinamiento, y el gobierno ha flexibilizado las relaciones laborales, dando paso a masivos despidos del sector empresarial y público, adoptando una agenda económica y social de políticas antipopulares)

3. El recorte presupuestario en Educación supone una vez más una contradicción entre lo que dice y hace el gobierno, alrededor de 100 millones de dólares, que no solamente suponen el despido masivo de docentes, la reducción salarial, o el cambio en la modalidad de contratación, sino una evidente reducción de la oferta de cupos para los estudiantes de nuevo ingreso y una directa afección a su derecho a continuar con sus estudios.

4. Consecuentemente la calidad en sí misma de la educación se ve perjudicada, no porque los docentes ganen menos, sino porque no existen los docentes suficientes y capacitados en las áreas y cátedras correspondientes, a esto sumado, que el CES (Consejo de Educación superior) ha debatido sobre la posibilidad de tener mínimo 40 estudiantes por aula en un posible retorno la modalidad presencial y hasta 100 en una clase virtual. La consecuencia en el aprendizaje es obvia y además lógica, no hace falta ser experto en pedagogía para notarlo.

5. Las movilizaciones, protestas y organización social y estudiantil no se han hecho esperar y en varias ciudades del país, incluyendo Gualaceo y Paute, se han registrado estudiantes que defienden su derecho y el de la generación siguiente a acceder a un derecho fundamental, constitucional y además universal y gratuito, como lo es la educación superior.

6. El mayor temor no es el Corona Virus y un posible contagio, el mayor temor es una posible privatización de la educación, esto en consecuencia de una agenda de políticas económicas y sociales que obedecen a las tradicionales recomendaciones del Fondo Monetario Internacional, teniendo en cuenta que al día siguiente de anunciado el recorte, esto es 2 de mayo, el presidente Moreno anunciaba un nuevo desembolso de alrededor de 600 millones de dólares, que hoy, ya no sabemos hacia dónde serán “invertidos”.

La pregunta es entonces, ¿cuál es la nueva crisis? La respuesta es más evidente de lo que creemos, y esta se agudiza y profundiza en la individualidad del campesino, del obrero, del profesor, del estudiante a quien se le ha restado posibilidades y que por más que “se esfuerce” como siempre se nos pide, las condiciones de desigualdad y ausencia de oportunidades han dejado una variedad abrumadora de resultados distintos entre quienes quieren sobrevivir o entre quienes quieren estudiar.

Centenares de estudiantes universitarios han desertado en sus estudios, por no contar con los equipos tecnológicos suficientes o el acceso a internet, y esto no es diferente a todo el sistema de educación. Muchos dicen, “pero no hay nada por hacer, no es culpa del gobierno” es cierto, no es culpa del gobierno que estemos en una crisis global sanitaria, pero sí es su culpa el mal manejo, la priorización de actividades económicas y la agudización de las desigualdades sociales ya existentes desde siempre, desigualdades de clase, de género, de acceso a servicios y a recursos etc.

Por último, la lucha social es frente a esta nueva crisis cargada de violencia institucionalizada, por cuanto tenemos un Estado que no es garantista de derechos sino por el contrario, los deja como un privilegio, es necesario recordarle sus funciones como Estado en beneficio de las inmensas mayorías y no en el sentido paternalista, sino en el sentido de lo humano, porque los ecuatorianos somos merecedores de mínimas condiciones de dignidad para vivir, pero estas lamentablemente cada vez son menores y menos claras.

Es por eso que insisto, en lo ético y moral del debate inicial, hoy somos los ciudadanos de a pie quienes debemos ser partícipes de la transformación social basada en lo que nos ha caracterizado como “andinos” es decir, relaciones solidarias, recíprocas y de empatía que no se han contaminado con los valores egoístas e individualistas del sistema mundo capitalista. Volvámonos a nuestras raíces, no en un sentido romántico sino en un sentido axiológico porque solamente unidos y organizados venceremos a la peor pandemia de todas: el poder corrompido.

Opinión: Santiago Tacuri P - Sociología U Cuenca.

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