¿Cuál es la Realidad del Aborto?

Desde el 28 de abril es legal el aborto en el Ecuador para casos de violación. Considerando la progresión de la legalización del aborto – o por lo menos los intentos hacia este fin – en otros países, se puede suponer que continuará la agitación por grupos pro-aborto para extender esta opción a cualquier embarazo no deseado. Por lo tanto, es imprescindible que conozcamos la realidad del aborto.

Realidad #1: El aborto mata a un ser humano. Los grupos que promueven el acceso al aborto prefieren referirse al feto o al producto de concepción; sin embargo, desde el comienzo de su existencia como cigoto es un ser humano, vivo, totalmente distinto de su madre. Dentro de dos meses se ve claramente la forma de su cuerpo; tiene un corazón que late y un cerebro. Esta información no es invención de los grupos pro-vida; es la realidad biológica. Al realizarse un aborto, esta persona muere.

No simplemente muere, sino que es asesinada en forma brutal. Los imágenes de abortos son censurados porque son tan espantosos como las de la matanza en la cárcel de Turi. En el caso de abortos quirúrgicos, no se permite que la madre vea la criatura mutilada; en el caso de aborto químico, la mujer tiene que confirmar la presencia del feto, que desde la octava semana es claramente reconocible como un diminuto bebé, entre los coágulos de sangre.

Realidad #2: No hay aborto 100% seguro. El argumento a favor de la legalización del aborto insiste que es necesario para evitar la muerte materna por medio del aborto clandestino y supuestamente inseguro. En verdad, los mismos médicos realizarán el procedimiento, legal o ilegalmente; las mujeres conseguirán los mismos fármacos. La legalidad del proceso no quita los riesgos de hemorragia, tanto en abortos químicos como quirúrgicos, y lesiones al útero, intestino, y sistema urinario, ni el dolor del procedimiento, que puede ser extremo.

Igualmente, que la práctica de aborto sea legal no quitará su vínculo con el cáncer de mama, posibles secuelas para futuros embarazos, riesgos de esterilidad y embarazo ectópica. Activistas pueden jactarse de haber abortado múltiples veces sin sufrir repercusiones sicológicas, pero para muchas mujeres la realidad es que después del aborto, sea dentro de poco o después de años, sea por un período corto o a largo plazo, padecen por su decisión.

Realidad #3: Justificar el aborto requiere doble discurso. Llamar al bebé feto o producto de concepción no cambia lo que es. Esta cita de un artículo para Plan V es típico del discurso: “Si al aborto se construye como el asesinato de un bebé que está por nacer se lo ve como algo negativo. Si al aborto se lo ve como la interrupción de un feto que todavía no es un ser humano, ya puede haber otras opciones.” Sin embargo, si el feto todavía no es un ser humano, ¿qué es? Otro ejemplo nos da una escritora norteamericana: “Cuando una mujer ejerce su derecho a controlar su propio cuerpo sin considerar en nada el cuerpo de otro ser humano, se llama aborto. Cuando el hombre actúa de acuerdo con la misma filosofía, se llama violación.”

Realidad #4: El aborto no resuelve el problema de la violación. Estudios indican que menos que 10% de los embarazos por violación son el resultado de agresiones por desconocidos, y alrededor de 85% ocurren por violación por parte de la pareja, expareja, o algún familiar. Es decir, cuando una mujer queda embarazada por violación, lo más probable es que no fue un acto aislado, sino una situación de abuso repetida. Abortar bajo estas circunstancias no soluciona el problema del abuso, y como encubre la evidencia, puede hasta servir para prolongar el sufrimiento de la víctima. Abortar tampoco resolverá los problemas sicológicos que resultan de la violación, factor que puede explicar en parte por qué las mujeres que han abortado muestran mayores riesgos morir por homicidio o suicidio.

Realidad #5: El aborto castiga al inocente. La mujer violada, si matara al agresor, sería culpable de asesinato; ¿cómo, entonces, se justifica que ella mate – o permita que se mate – una persona inocente? Sea lo que sea la causa del embarazo, la persona que no tiene nada de culpa es el bebé.

Reconocer la realidad del aborto no es en ninguna forma aprobar la violación o abuso de la mujer, ni despreciar su vida y su valor. Que el aborto sea punible no se debe interpretar como motivo para perseguir a quienes lo realizan, sino de formular y contestar preguntas como: ¿qué lleva a las mujeres a terminar sus embarazos? ¿Cuáles opciones tenemos en vez de abortar el bebé? ¿Cuáles cambios necesitamos implementar en nuestra sociedad para fomentar relaciones saludables?

Otra vez invito a mis lectores a investigar más sobre el tema, añadiendo una advertencia: la información provista por Planned Parenthood y otros proveedores de abortos, no es imparcial. Estudie desde ambos lados.

Misty Escondras


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